La velocidad de los acontecimientos y la precipitación de los hechos muchas veces no permiten comprender la política en cuestión en las decisiones que se toman. Considero que el interés por la historia del psicoanálisis en Jujuy y en el NOA nos permite esclarecer la política en juego para las instituciones analíticas.
Escansiones
En este recorrido decidimos comenzar por la existencia de ATEIPI (Asociación Tucumana de Estudios e Investigación en Psicología Infantil. Fundada en Tucumán cuenta con asociados de Jujuy, entre ellos Laila Quintar que llevan adelante actividades en esta ciudad. En 1979 organiza en Tucumán las “Primeras jornadas psicoanalíticas del interior”. Es invitado German García quien sale al cruce entablando el debate en torno a si las formaciones del inconsciente dependen de la geografía. Su intervención permite comenzar a pensar en las condiciones necesarias para generar una autoridad local.
El siguiente movimiento es la disolución de ATEIPI y la fundación de la Sociedad Psicoanalítica de Jujuy. Movimiento que busca diferenciarse de la psicología y su eclecticismo, definiendo una orientación clara hacia el psicoanálisis lacaniano. Las actividades de la misma se organizan en torno al seminario A y el seminario O conducidos por José Santillan y Patricio Voco.
En 1985 se realiza en Tucuman el “Primer Congreso de Psicoanálisis – La Actualidad del Síntoma”. A partir de entonces comienzan las actividades regulares en Jujuy organizadas en torno a G. García. Esto genera la salida de quienes antes conducían los seminarios y luego la disolución de la S.P.J. Este acto se propone disolver el efecto de nominación que se sostenía en el emblema “psicoanalítica” que hasta entonces obturaba un trabajo institucional en torno al vacío producido por la pregunta ¿qué es un analista?
Para ello se crea el GEA. El trabajo del mismo se articula y conecta con GEA Salta y la Asociación de psicoanálisis de Tucumán. Movimiento que luego de unos años deriva en la fundación de la Asociación de Psicoanálisis del Norte.
En 1990 el boletín NOA- NOA (órgano de difusión de las actividades de la A.P.N) reproduce una columna de G. García de la revista Babel, en ella leemos. “Practicantes de psicoanálisis de Jujuy, Salta y Tucumán después de cinco años de trabajo acaban de fundar la Asociación de Psicoanálisis del Norte, en función de plantear las garantías que convienen a las prácticas que realizan… Conferencias, cursos, seminarios publicaciones se vienen sucediendo desde hace años. El intercambio de información con otras ciudades y países es regular, como también la participación en actividades internacionales. En el último encuentro del Campo Freudiano realizado en Paris en 1990, se presentaron trabajos de Jujuy y de Tucumán”.
Basta leer los números 1 y 2 de este boletín para tener una idea del trabajo que llevaba adelante la APN y las dimensiones del proyecto.
Llegados a este punto resulta difícil dar cuenta de las razones del fracaso de este proyecto cuyo siguiente paso era la constitución de la sección NOA de la Escuela de la Orientación Lacaniana que se encontraba en vías de formación.
En este punto debe ser el psicoanálisis el que nos permita dar cuenta de la estructura libidinal en juego más allá de las anécdotas de los personajes.
Dice García en la misma columna “Es posible que la institución de psicoanálisis sea algo que conjugue… algo que entre Penia (penuria) y Poros (salida) genere un movimiento capaz de sacar a cada uno de la fascinación de su imagen y conducir al conjunto hacia a lógica del vacío, hacia la causa que nos convoca”… “Entonces los practicantes del psicoanálisis pueden entender que el atractivo que los mantiene no emana de sus personitas sino del psicoanálisis, al que deben pagar con un trabajo”.
¿Fue esto lo que no logró sostenerse? ¿Finalmente predominaron las personitas y la fascinación de su imagen por sobre el trabajo en torno a una causa? ¿Qué incidencia tuvo la figura de Gacía tanto en la conformación del proyecto como en su fracaso? ¿Cuál fue la responsabilidad de sus miembros? ¿Pueden leerse aquí la forma libidinal de la masa freudiana organizada en torno al líder, lo que permitiría apaciguar la agresividad entre los individuos?
El porqué de la guerra
Lo que resulta evidente es que el estallido de la A.P.N. produjo todo tipo de efectos traumáticos, la disgregación de la masa, el pánico, el retorno de las rivalidades y enfrentamientos, los bandos de leales y traidores, las conspiraciones y los boicots. Algunos tomaron la forma de nuevos grupos y otros heridos en su narcisismo y desencantados de la política han optado por retirarse a la comodidad de sus consultorios.
Los vientos de guerra cada tanto cobran fuerza y hasta ahora mantienen la calma gracias a un ejercicio de ignorancia/indiferencia mutua donde se hace como si el otro no existiera.
El siguiente proyecto que intentó dar forma a una comunidad de trabajo entre las provincias bajo la forma del Instituto Oscar Masotta también fracasó dando lugar nuevamente a escisiones, enfrentamientos y finalmente a la consolidación de “un muro”.
Las razones estas diferencias irreconciliables no siempre son fáciles de explicitar y muchas veces se plantean en términos de gusto, simpatías, antipatías o amistad y muchas más veces se refieren a la relación que cada uno de ellos mantuvo con G. García.
¿De que se tratan estas relaciones? Solo cada uno podría dar cuenta de la incidencia que tuvo en lo más íntimo de su deseo, ese deseo decidido por el psicoanálisis.
Sin embargo el avance de la política necesita de la formalización de sus razones y la adhesión a un nombre no es garantía de un deseo que esté a la altura.
Entre la causa y el ideal
En una historia del psicoanálisis los nombres resultan ineludibles, a partir de ellos podemos hacer un trazado de la causa freudiana y sus batallas. Si bien Freud abrió la vía del psicoanálisis y dedico su vida a mantenerlo a salvo de los que podrían desviarlo (Adler, Jung, los médicos, la Universidad, el Estado) la tarea de Lacan fue salvar al psicoanálisis que para ese entonces había sido digerido, aliviado y desvirtuado. La institución que Freud había creado para mantenerlo vivo se había convertido en una iglesia donde se repetían los rituales para que los psicoanalistas se reconocieran entre sí. Lacan tampoco estuvo a salvo de sus discípulos y sabemos del trabajo de J.A. Miller al respecto.
Si el deseo del analista es el de obtener la máxima diferencia entre el objeto y el ideal es porque la tendencia será siempre a unirlos. ¿Es entonces el destino de quienes supieron mantener viva esa causa, convertirse en mártires a los que se alaba e idealiza?
¿Será este el destino de la causa que legó García a los largo de años de transmisión del psicoanálisis?
Espero que su claridad no encandile y que tomemos mejor por la vía de la dificultad. Propongo que podamos hacer de su obra un camino a transitar por sus referencias y alusiones. Pensar que lo esencial el mismo prefirió no decirlo y que debe aún ser extraído.
Identificación o causa parece ser la disyuntiva de la institución analítica dependiendo de esta su futuro.

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