domingo, 7 de abril de 2019

Tal vez la risa - Historia de un momento por Mabel Sánchez

Tal vez la risa se amalgamará entonces con la sabiduría y no habrá más que Gaya Ciencia. Federico Nietzsche (1882)1
La banda de Moebius2 es una superficie con una sola cara y un solo borde. Fue descubierta por los matemáticos alemanes August Ferdinand Moebius y Johann Benedict Listing (cada uno por su lado) en 1858. Consiste en una banda o cinta unida por sus extremos, previo giro en uno de ellos. Se produce así, un objeto en donde la cara externa y la interna aparecen en continuidad en una línea sin fin. También conocido como el Ocho Interior, en el que el derecho se une con el reverso, representado la relación del inconsciente con el discurso consciente. El inconsciente está del reverso pero puede surgir en lo consciente en cualquier punto del discurso. De esta manera, no es como siempre se plantea, una relación de oposición interior-exterior, sino una relación de continuidad. Si se coloreara la superficie de una cinta de Moebius, empezando por la cara “exterior”, al final quedaría coloreada toda la cinta; esto muestra que sólo posee una cara, y no tiene sentido hablar de cara interior y cara exterior. Por su parte, el borde se puede comprobar recorriéndolo con un dedo: así se verá que se vuelve al punto de partida tras haberlo recorrido todo. La banda de Moebius es una de las figuras más estudiadas por Lacan dentro de su topología. Ilustra el modo en que el psicoanálisis problematiza oposiciones binarias como interno/extemo, amor/odio, significante/significado, verdad/apariencia. Los términos de estas oposiciones suelen ser presentados como radicalmente distintos, pero Lacan prefiere entenderlos en función de la topología de la banda de Moebius así, los términos opuestos no son vistos como discretos (separados) sino como continuos.
Lo contextualizado es solo a los efectos de dar cuenta del momento en que una tira de papel de diario unida en sus extremos, previo haber sido girada, me fue presentada. A la pregunta ¿qué es esto? Contesté -una cinta de papel-. Por los cambios de color que noté en el rostro de quien preguntaba, más el silencio que lo acompañaba, calculé que la respuesta no había sido la correcta y por lo tanto grande fue mi temor a la respuesta, dado que se jugaba la posibilidad de ingresar a la guardia, que por disposición curricular debíamos cumplimentar en la práctica de la carrera de medicina. Vaya a saber cuál era mi “agalma” ya que no obstante ese yerro, fui aceptada. Por supuesto esto puedo decirlo retroactivamente, respecto a lo que, vueltas dadas de por medio, aprehendí de las implicancias de la Banda de Moebius.
Julio Leites, psicoanalista, médico psiquiatra era quien había proferido la pregunta. Es el que ofició de vía para estudiar la obra de Freud y conocer, en ese entonces el primer seminario de Lacan. Además de favorecer la integración a un grupo de profesionales que, en ese instante mismo que asistía a la reunión a la cual había sido invitada, vaya a saber lo que habían sostenido como institución hasta ese instante, la estaban
disolviendo y allí, en boca de quien luego lo conocí -Manuel Martínez Novillo-, escuché algo así como: Este problema demuestra solo tener una solución “soluttion”, es la dis (digo) la digosolución, la disolución. En ese momento me pregunté ¿Cómo integrarse a algo que se disuelve? Así es como me dejé llevar por la corriente de lo que no entendía a la manera de la Patafísica (lo cual localicé años después por referencia de Germán García)3. Lo que Manuel citaba era la Carta de Disolución del 5 de enero de 1980 de la Escuela creada por Lacan en 1964. Disolución y nueva constitución. Si se pasó de Asociación a Sociedad o la inversa no me es posible situar. Un cambio de nombre, de denominación hubo. Sea una u otra allí decidí continuar asistiendo, decidí ahogarme en el psicoanálisis.
Luis Seiffe fue el que prestó su presencia. Durante ese período de análisis decidí dedicarme al psicoanálisis. Pasaje de la frase repetida por Julio: ¡deja de ser médico! En ocasión de las supervisiones.
En el Seminario 1 Lacan profería lo siguiente: Me dirijo aquí a quienes forman parte del grupo de psicoanalistas que representamos. Quisiera que captaran que si éste está constituido como tal, con carácter de grupo autónomo, lo está en función de una tarea que implica para cada uno de nosotros nada menos que el porvenir: el sentido de todo lo que hacemos y tendremos que hacer durante el resto de nuestra existencia. Si no vienen aquí a fin de cuestionar toda su actividad, no veo por qué están ustedes aquí ¿Por qué permanecer ligados a nosotros, en lugar de asociarse a una forma cualquiera de burocracia, quienes no sintiesen el sentido de nuestra tarea? (Seminario I 1954-1954, pág. 20).
Con otras palabras, pero en el mismo sentido, su voz resonando, empujando, causando, despertando, cuestionando, en la esquina de las calles Crisóstomo Álvarez y 9 de Julio en la ciudad de San Miguel de Tucumán en un amanecer de los años 80, Germán García subido a la plataforma destinada a los que dirigían el tránsito arengaba a los presentes a enviar representantes al Encuentro Internacional del Campo Freudiano en París.
Plantado en esa esquina, en ese amanecer, en lo que escuchaba de lo que se decidía, era sin vuelta. Cómete tu das sein.
Y es así como, bordeando la banda, cada que vez que se retorna al mismo lugar, de una forma diferente se historiza en el presente lo vivido en el pasado resignificándolo, reescribiendo la historia de los que nos causa.
A la cita primera Tal vez la risa se amalgamará entonces con la sabiduría y no habrá más que Gaya Ciencia agrego lo escrito antes de aquélla: Para reírse de sí mismo, como conviene reír.
Así es como, apelando a la zoología psicoanalítica, la más de las veces hormiga camino sobre una banda de Moebius según el grabado de Escher, y también abeja trabajando en el enjambre en pro de la producción de algún saber, sin dejar de plantear “la cuestión murciélago” a veces pájaro, a veces ratón, para “orientarse en esta oscuridad”.4
Mabel Sánchez-Marzo 2019.
 1- Lacan J. televisión. Cap. IV. “Lo opuesto de la tristeza, el gay saber, el cual es una virtud. Una virtud no absuelve a nadie del pecado-original como todoss saben-. La virtud de manifestar en qué consiste, que designo como gay saber, es su ejemplo: no se trata de comprender, de mordiscar en el sentido, sino de rasurarlo lo más que se pueda sin que haga liga para esta virtud, gozando del descifraje, lo que implica que el gay saber no produzca al final más que la caída, el retorno al pecado”.  El contexto en que aparece la frase es la discusión sobre los afectos que ocupa el capítulo IV de Televisión. Lacan acaba de referirse a la tristeza y a la virtud opuesta a este pecado, la gaya ciencia (le gay sçavoir) que define como un gozar del desciframiento. Dice entonces que "el sujeto siempre es feliz" (heureux) e incluso que ésa es su definición, ya que "no le debe nada sino a la hora" (l'heur), es decir, a la fortuna; tout heur lui est bon, "toda hora le es buena". Precisa luego, un poco más adelante, que "su dependencia de la estructura" es lo que "reduce" al sujeto a ser feliz.
 2 - En el Seminario X de La Angustia, en la clase del 30 de enero de 1963 (página 150 de la edición Paidos) Lacan refiere al "insecto que se pasea por la superficie de la banda de Moebius". Las ediciones oficiales de Seuil y Paidos han seleccionado ese fragmento del seminario para sus contratapas e ilustrado sus tapas con el conocido grabado de Escher de las hormigas caminando sobre una banda de Moebius, realizado a partir de tres planchas de madera, en rojo, negro y gris-verde (45 x 20 cm). Hay otras referencias, aún más específicas en cuanto al "insecto", ya que Lacan menciona una hormiga caminando sobre la banda de Moebius, en la sesión del 9 de enero (la de la invención del objeto a)
3 -   La patafísica es un movimiento cultural francés de la segunda mitad del siglo XX vinculado al surrealismo. El nombre proviene de la obra Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico, de Alfred Jarry. A raíz de su lectura, algunos admiradores empezaron a practicar una ciencia paródica llamada patafísica, dedicada «al estudio de las soluciones imaginarias y las leyes que regulan las excepciones». La patafísica1 se basa en el principio de la unidad de los opuestos, y se vuelve un medio de descripción de un universo complementario, constituido por excepciones. En el universo de Alfred Jarry todo es anormalidad, donde la regla es la excepción de la excepción. La regla es lo extraordinario, y eso explica y justifica la existencia de la anormalidad. Wikipedia.org- Las costumbres de los ahogados Hemos tenido la ocasión de establecer algunas relaciones bastante íntimas con esos interesantes borrachos perdidos del acuatismo. Según nuestras observaciones, un ahogado no es un hombre muerto por sumersión, pese a que así tiende a acreditarlo la opinión común: es un ser aparte, con hábitos especiales y que se adaptaría, creemos, de maravilla en su medio si se quisiese dejarlo habitar allí un tiempo conveniente. Es notable que se conserven mejor en el agua que al aire libre. Sus costumbres son extravagantes y –aunque les guste juguetear en el mismo elemento que los peces– diametralmente opuestas, si osamos decirlo así, a las de éstos; en efecto, mientras que los peces, como se sabe, viajan sólo remontando la corriente, es decir, en el sentido que ejercita mejor a su energía, las víctimas de la funesta pasión del acuatismo se abandonan a la corriente del agua como habiendo perdido todo empuje, en una perezosa indolencia. No revelan su actividad más que por movimientos de cabeza, reverencias, zalemas, semivolteretas y otros gestos corteses a los que tienen afición cuando salen a recibir a hombres terrenos. Estas demostraciones no tienen, a nuestro parecer, ningún alcance sociológico; no hay más que ver en ellas el hipo inconsciente del borracho o el juego de un animal. El ahogado señala su presencia como la anguila, por la aparición de burbujas en la superficie del agua. Se los captura, lo mismo que a las anguilas, con el arpón; es menos ventajoso tender con esa intención líneas de fondo.
4 -  García G. El Murciélago Para orientarse en esta oscuridad. Anáfora Editora. 1990.

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